Cuánto salario debe asignarse el dueño de una PYME
Nota de El Financiero, publicada el .
El salario del dueño de una PYME se fija como el costo del cargo que ocupa, no como el sobrante
del mes. La cuenta tiene tres partes: cuánto cuesta en el mercado reemplazar esa función, cuánto
aguanta el flujo de caja, y qué monto fijo mensual se puede sostener sin ahogar la operación. En
El Financiero construimos el flujo de caja y el presupuesto donde esa cifra se puede fijar y
sostener.
La pregunta tiene una sola forma: cuánto me puedo pagar. Una manera de responderla es: lo que
quede. Tratada así es un reparto. Tratada bien es una
decisión de costos: si usted ocupa un cargo dentro de su empresa, ese cargo tiene un precio, y ese
precio debe estar en los números de la empresa aunque quien lo ocupe sea el dueño.
¿Por qué "lo que sobre" es una forma de esconder el costo?
Porque un dueño que se gira excedentes cuando hay liquidez está sacando de su estado de resultados
un costo que sí existe. La empresa se ve más rentable de lo que es, el margen que usted calcula
está inflado, y cualquier decisión que tome con ese margen (subir un precio, contratar, endeudarse)
nace con un error adentro.
Mientras el trabajo del dueño no tenga precio en los libros, nadie sabe
si el negocio se sostiene por sí solo o se sostiene porque alguien trabaja sin cobrar.
¿Cuánto costaría reemplazar lo que hoy hace el dueño?
Este es el primer número, y es un número de mercado, no de deseo. La pregunta concreta: si usted se
retirara mañana de la operación, ¿a cuánta gente habría que contratar y cuánto costaría cada una?
En muchas PYMES el dueño ocupa a la vez la gerencia general, la dirección comercial y la parte
técnica del producto. La cuenta se hace descomponiendo esa mezcla en funciones separadas y poniendo
a cada una el precio que tendría en el mercado con prestaciones y seguridad social incluidas. La
suma es el costo real del cargo que hoy nadie está pagando.
Ese ejercicio puede dejar dos cosas a la vista al tiempo. Una: cuánta distancia hay entre lo que el
dueño se gira y lo que cuesta su propio cargo. Otra: qué parte de lo que hace el dueño es trabajo
administrativo que costaría menos reemplazar.
Si se desenfoca perdido en papeles administrativos ... pierde la esencia de su negocio.
El dueño es la parte técnica, quien más conoce su producto, y su lugar está en la producción y en la
venta. El costo de reemplazo, visto así, no solo fija un salario: también le dice qué debería
soltar.
¿Qué parte de ese costo aguanta el flujo de caja?
El costo de reemplazo dice cuánto vale el cargo. El flujo de caja proyectado dice cuánto puede
pagar la empresa hoy, y no tienen por qué coincidir. Para que esa proyección sirva tiene que incorporar
tres cosas que el estado de resultados no muestra: la estacionalidad del negocio, el día en que los
clientes pagan de verdad y no el plazo escrito en el contrato, y las obligaciones ya comprometidas
como cuotas de deuda, impuestos, prima y cesantías.
Con esa proyección la pregunta cambia de forma. Deja de ser "cuánto quiero ganar" y pasa a ser
"qué monto fijo puedo sostener los doce meses, incluido el mes más flojo, sin quedarme sin caja".
Si ese monto arranca por debajo del costo de reemplazo, el hueco no es un fracaso: es información.
Es la brecha que el presupuesto de venta tiene que cerrar, con una meta y una fecha.
Un ejemplo con números supuestos: si reemplazar la función del dueño costara $9.000.000 mensuales y el flujo de
caja proyectado solo sostuviera $5.500.000 fijos, la conclusión no es "págese $5.500.000 y
resígnese". Es fijar $5.500.000 ahora y escribir en el presupuesto cuánta venta adicional hace
falta para llegar a $9.000.000, con el mes en que debe ocurrir.
¿Por qué el monto tiene que ser fijo?
Porque un monto fijo se puede presupuestar, se puede auditar y se puede defender ante un banco. Un
giro variable no. Una cifra igual todos los meses entra al presupuesto como cualquier otro costo,
aparece en el flujo de caja proyectado y obliga a que la empresa la produzca.
Lo que sobra después
de eso ya es otra cosa: utilidad, y la utilidad se reparte con una decisión distinta, en otro
momento y con otro criterio. Mezclar las dos, cobrar salario y utilidad en el mismo giro, es lo que
hace imposible saber si el negocio se sostiene solo.
Cada empresa tiene su propia estacionalidad, su propia cartera y su
propia estructura de costos, y el número que salga de este ejercicio será distinto en cada una. Lo
que no cambia es el orden de la cuenta: primero se sabe qué cuesta el cargo, después qué aguanta la
caja, y solo entonces se fija la cifra.
Hecha esa cuenta, el giro variable se acaba:
el caso de la socia de estudios de mercado muestra
qué cambia cuando el salario del dueño entra al presupuesto como cualquier otro costo.
¿Qué se necesita antes de poder hacer esta cuenta?
Una contabilidad que separe costos de gastos, para saber el margen real por línea de negocio.
Un flujo de caja proyectado a doce meses con estacionalidad y comportamiento real de cartera.
Un presupuesto de venta con la meta que cierra la brecha entre lo que aguanta hoy y el costo del cargo.
Esos son dos de nuestros servicios: el
rediseño del proceso contable, que produce cifras en las
que se puede confiar, y la construcción de
flujo de caja y presupuesto, que en ese caso
incluyó también el seguimiento a los cumplimientos. Si todavía no sabe en
qué estado está su información, el punto de entrada es el
diagnóstico financiero.