Antes: una caja que no cuadraba y nadie sabía por qué
Este negocio de hamburguesas nos llamó con un síntoma claro y una causa desconocida: tenía
problemas de flujo de caja que no lograba explicarse. Con la información que la empresa
tenía a la mano no había forma de saber dónde estaba el hueco.
Nos metimos de lleno a auditar a fondo el proceso administrativo y contable. Lo que apareció
debajo fue el estado real de la información con la que se estaba decidiendo. La contabilidad
llevaba más de ocho meses sin conciliación bancaria,
es decir, sin comparar lo que decían los libros con lo que decía el banco. Los cierres se
cuadraban con cuentas puente, un recurso que hace que el balance cierre pero que esconde de
dónde salió la diferencia. Y la contadora delegaba su trabajo a auxiliares que apenas
estaban aprendiendo el oficio.
Cuando la auditoría apretó, la contabilidad se quedó sin quien la sostuviera.
La contadora sintió tanto la presión que renunció y desapareció, ni siquiera entregó bien.
El negocio quedó sin quien llevara los libros y sin quien pudiera explicar cómo estaban
armados. Por eso lo primero no fue proyectar sino arreglar el proceso que produce la
información.
Un contador que trabaja con un proceso roto entrega resultados rotos. Es un problema de
proceso, no de carácter.